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Evaluación Académica
Este artículo presenta un tratamiento fundacional de una de las crisis más profundas en la historia de los sistemas humanos: la crisis de considerar al ser humano como un medio y no como un fin. Su relevancia investigativa radica en su capacidad de combinar una lectura histórico-analítica con una alternativa metodológica basada en los Derechos Existenciales, situándola en el núcleo del Proyecto Fundacional–Takamolya.
El artículo se distingue por varios puntos:
1- Enfoque Analítico
Vincula los patrones de dominación a lo largo de las épocas (políticos, económicos, religiosos) como la continuación de una misma lógica fundacional, y no como hechos aislados.
Emplea un análisis estructural de los sistemas, destacando que la falla no reside en los individuos o en las clases, sino en la base rectora que determina la posición del ser humano dentro del sistema.
2- Perspectiva Fundacional
Redefine el valor del ser humano a través de los “Derechos Existenciales” como principio organizador de los sistemas, trascendiendo sesgos culturales o doctrinales.
Propone la solución mediante la redistribución de roles y funciones dentro de un marco funcional equilibrado, en lugar de desmantelar estructuras o abolir la autoridad por completo.
3- Aporte Científico
Establece un concepto práctico aplicable en la política internacional, la gobernanza y la reforma institucional, sustituyendo la lógica de la dominación por la lógica del equilibrio funcional.
Abre la puerta a estudios comparativos entre sistemas modernos y visiones históricas unificadoras (tawḥīdī) en su tratamiento del ser humano como un fin en sí mismo.
Conclusión Académica
El artículo no se limita a describir la crisis, sino que ofrece un enfoque fundacional aplicable a la reforma de los sistemas de conocimiento y organización. Esto lo convierte en una contribución valiosa al campo de los estudios fundacionales y lo califica para servir como referencia primaria en cualquier investigación sobre la reconstrucción de sistemas basados en los Derechos Existenciales.
Planteamiento del problema
A pesar de los notables avances en la ciencia, la tecnología y la gobernanza a lo largo de los siglos, persiste un problema fundamental que reaparece en todos los modelos civilizatorios: la ausencia de un reconocimiento genuino del ser humano como fin en sí mismo, y no como medio al servicio del sistema. Esta crisis no es circunstancial ni exclusiva de una época determinada; está profundamente incrustada en la lógica con la que los sistemas han contemplado al ser humano —desde el amanecer de la historia, pasando por los marcos religiosos, políticos y económicos, hasta la era contemporánea.
Palabras clave
Valor humano – Derechos existenciales – Dominación – Desarrollo de los sistemas – Redistribución de roles – Justicia – Tomador de decisiones – Sistemas cognitivos – Fundacionalismo – Integrativismo.
Texto principal
La crisis comienza con la propia perspectiva desde la cual los sistemas miran al ser humano.
En la antigüedad, la mujer era contada como inferior al hombre, y el individuo era apenas un engranaje en la maquinaria del imperio, del Estado o de la institución religiosa.
Con el auge de la modernidad y el lema “primero el individuo”, la mayoría siguió quedando fuera de este privilegio declarado.
Se transformaron en números dentro de las políticas, en combustible para la economía, en recursos para las guerras… mientras que las decisiones vitales se tomaban sobre ellos, no con ellos.
El asunto no se limita a la política o la economía.
Incluso algunas visiones religiosas confinaron el valor a un grupo específico, negando reconocimiento o cuidado a los demás.
Así, cambian los nombres y las fachadas, pero la lógica es la misma: la dominación pasa de unas manos a otras (nobles, clérigos, militares, políticos), mientras el defecto estructural persiste.
La solución no está en derribar clases ni en demoler estructuras, sino en reconfigurar el sistema mismo.
Redistribuir las tareas y roles entre todos los actores—basados en los derechos esenciales vinculados a la función existencial del ser humano (lo que en nuestro proyecto denominamos derechos existenciales) [(véase el artículo: De los derechos existenciales al diseño de sistemas)]—más allá de cualquier lógica de apropiación, y de manera que asegure un equilibrio justo entre los intereses individuales y los colectivos.
Esto no es una utopía novedosa, sino la continuación de lo que los profetas del tawḥīd y los pioneros de la justicia en la historia han reclamado: liberar al ser humano de todas las formas de dominación y devolverlo a su función originaria en la existencia.
Los movimientos intelectuales y políticos modernos, aunque levantaron la bandera de los derechos, a menudo mantuvieron la misma lógica fundacional que coloca a los individuos bajo la tutela de nuevas formas de influencia.
Adoptar esta perspectiva permite que las instituciones internacionales, los tomadores de decisiones y las élites intelectuales desempeñen su papel natural en la preservación del equilibrio y en la consecución de un verdadero desarrollo humano—sin que esos roles se conviertan en herramientas ideológicas o instrumentos de dominación.
Conclusión
Superar la crisis del valor humano no se logra cambiando las fachadas, sino cambiando la lógica organizadora que dirige a los sistemas.
Sin la adopción de un nuevo marco cognitivo [(véase: Sabiduría Takamolya: reconstruir la razón hacia una visión funcional de la existencia)], que reconozca los derechos existenciales como base de la organización, la dominación seguirá reproduciéndose bajo cada nueva forma.
No se trata de un llamado a una revolución ciega, sino a una reforma radical en los fundamentos sobre los cuales se construyen la autoridad, el conocimiento y la organización.
Referencias
- Mahfouz, Jalal (2024). La mejor opción: El Proyecto de Takamolya (Existencialismo Crítico) – capítulo introductorio y conclusión.
Michel Foucault, Vigilar y castigar.
Jürgen Habermas, La religión en la esfera pública.
Charles Taylor, La era secular.
Carl Schmitt, El concepto de lo político.
Friedrich Nietzsche, La voluntad de poder.
John Rawls, Teoría de la justicia.
Amartya Sen, Desarrollo y libertad.
Adam Smith, La riqueza de las naciones.
David Ricardo, Principios de economía política y tributación.







